Y son las 3 am…

¿Por dónde empezar?

Difícil, son vagos recuerdos. Solo sé que abrí los ojos y mi vista estaba clavada en la ventana. Lo mismo de otras veces, giré mi cabeza y busque el reloj de la mesa de noche. No podía creerlo, tal como en otros días eran las tres de la mañana, específicamente las 2:57 am.

Ya sabía lo que venía a continuación. Esa sensación de que algo o alguien me observa en algún lugar de la habitación. Mi corazón comenzó a acelerarse y apareció esa sensación de vacío en mi pecho. Miedo, mucho miedo, ganas de correr lejos de allí o de hundirme en el colchón para no ver absolutamente nada.

Pero está vez había algo diferente. Luz, una luz débil y fluctuante en el techo justo encima de la ventana. Era una luz extraña, no entraba por la ventana sino que parecía surgir desde el mismo techo. Luchando contra la ansiedad que poco a poco se adueñaba de mi cuerpo, traté de buscar la fuente de esa luz pero no vi nada. Miré la ventana nuevamente y esa inexplicable y tenue luminiscencia azulada, seguía expandiéndose por todo el techo hasta casi cubrirlo todo. No sé de verdad como explicar el evento. Solo sé que esas ondas de luz estaban allí, danzando encima de mí como queriendo decirme algo. Pero eso no era lo peor.

¡Los susurros! ¡Eso sí era nuevo! Por momentos la asocié con la voz de mi madre pero no me llevó mucho tiempo, darme cuenta que era una voz de alguien más joven. Intenté entender que se escondía detrás de toda esta situación pero fue infructuoso. Solo eran unos susurros femeninos y según su modulación, las luces danzaban siniestramente.

Esta como hipnotizado, mis ojos solo seguían las luces y ya las voces se me hicieron familiares aunque no sabía quién me hablaba. Ya no había miedo, ya no controlaba mi cuerpo. Sea lo que fuese que estaba viendo, tomó control de mi cuerpo y de mis emociones.

No sé cuánto tiempo pasó, solo sé que de repente las luces habían desaparecido al igual que los susurros y yo estaba con la mirada fija en el reloj.

Eran las 3:25 am.

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