Malas vibras

Cierto día una amiga me dijo que para eliminar las “malas vibras” de mi habitación, colocara un vaso con agua en mi mesa de noche. El tema vino porque le conté, que me estaba despertando en la madrugada con una sensación extraña, como que si alguien estuviese en la habitación observándome. Honestamente me pareció una tontería, pero viniendo de ella decidí hacerlo. Total, no arriesgaba nada y era gratis.

Las dos primeras noches recuerdo que en las mañanas, encontraba el vaso con agua lleno de burbujas diminutas. Mi amiga me dijo que esa era la idea, que esas burbujas se originaban por la “captura de energías nocivas”. Honestamente admito que por momentos me sentí como todo una tonta. Aun así lo hice nuevamente. Fue en la tercera noche que sucedió aquello. Jamás lo olvidaré…

Recuerdo que me encontraba caminando a la orilla de una playa bastante siniestra. El mar lucía marrón y las olas eran violentas. El cielo estaba completamente nublado y su tono era plomizo, un gris sombrío que no presagiaba nada bueno. La arena era gruesa y también era de un gris extraño y grotesco. ¿Dónde estoy? – me pregunté sin entender que hacía allí. De repente a unos 50 metros de donde yo estaba, pude ver a alguien que me observaba. Estaba vestido con una especie de túnica gris o eso creía yo, comenzó a caminar hacia donde me encontraba y me causó cierta inquietud. Lo miré intentado identificar un rostro familiar, pero no era nadie conocido. Me parecía un anciano de aspecto pálido, su rostro era fino y su cabello era largo, blanquecino y enredado.

¿Qué haces tú aquí? – preguntó. Yo no supe que decirle. No tenía ni idea de donde estaba, mucho menos como había llegado a esa playa.

¡No puedes estar acá! – gritó apuntando mi rostro con uno de sus dedos.

Su actitud me asustó mucho. Intenté hablarle y explicarle que no sabía cómo había llegado allí pero no hubo tiempo. Cuando llegó a mi lado toco mi pecho y sentí una sensación indescriptible, era como que me hubiese lanzado al vacío. Repentinamente, me vi sentada en mi cama. Respiraba con dificultad por la ansiedad que sentía. El corazón se me salía por la boca. Me levanté encendí la luz y lo primero que hice fue ver el vaso con agua.

Estaba lleno de burbujas, pero esta no eran las burbujitas de antes sino efervescencia pura, al punto de que se derramó el agua en la mesa. Miré el reloj y eran las 3:23 am

Fue la última vez que puse el vaso con agua, a pesar de que la persona que me recomendó ponerlo, me sugirió que no dejara de hacerlo.

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