El rostro en la pared.

Estar dormido y despertar tras un mal sueño es una cosa muy distinta a estar despierto y vivir algo espeluznante.

Ese día me tocó trabajar y pernoctar en una posada de Isla de Coche. Era un anexo recién construido, de solo cinco habitaciones y estaba ubicado al costado de una casa común y corriente, en una calle solitaria alejada de las zonas comerciales y turísticas de la isla. Esa noche yo era el único huésped ya que suele llenarse solo los fines de semana de gente que viaja a Coche a disfrutar las bondades de sus blancas playas.

Aún había paredes sin pintar en la habitación que me tocó, el olor a cemento y a pintura recién aplicada era fuerte, pero sin dudas cómoda, limpia y acogedora. Llegué de trabajar pasada la medianoche por lo que no perdí mucho tiempo, tomé una ducha y me arrojé a la cama. Debo aclarar que nunca me han interesado los cuentos de aparecidos ni nada de esas tonterías. Para mí esos temas eran imaginación de gente que se dejaba envenenar la mente con cuentos y disparates fuera de toda lógica. Hoy no me atrevo a aseverar nada.

Volviendo al punto; una vez en la cama me puse a pensar en el trabajo y en lo que me tocaría hacer al levantarme. Divagaba en mi mente cuando comencé a sentir unas voces que al principio me parecieron lejanas, inentendibles, sonaban ahogadas, el cansancio era tanto que las ignoré, pero comenzaron a sentirse más cercanas, al punto que parecían venir de la misma posada.

Algo no encajaba, miré hacia la puerta y noté en la rendija que hay entre ella y el piso, unos leves destellos luminosos. Observaba con curiosidad el evento hasta que sentí tres leves detonaciones acompañadas de destellos azules. Entendí que se trataba de un corte eléctrico porque se apagó el aire acondicionado de la habitación y el indicador luminoso del televisor. Los “golpes” me parecieron de origen eléctrico, como cuando se produce un corto circuito. Me levanté de inmediato a ver qué pasaba con la electricidad. No tenía la intención de pasar la noche con calor.

Abrí la puerta, el pasillo lucía oscuro y solo se veía un reflejo que entraba por una pequeña ventanilla encima de la puerta principal. El responsable de la posada estaba en la casa de al lado y yo necesitaba una solución puesto que estaba convencido de que no era un corte eléctrico en la zona sino un problema en el anexo donde estaba mi habitación. Me disponía a buscarlo, pero algo me incomodó. Sentía que no estaba solo. Repentinamente unos leves destellos blanquecinos iluminaron la pared del fondo. Miré hacia la puerta principal, pensé que los reflejos habían entrado por la ventanilla encima de la puerta, pero justo en ese instante, detrás de mí, nuevamente unas luces me tomaron por sorpresa. ¿Qué mierda es esta? Me dije quedándome paralizado. No se me había pasado el susto cuando comencé a oír unas voces. Había al menos dos personas hablando en un idioma que no entendía. Honestamente no salí corriendo porque las piernas se me quedaron clavadas en el suelo. Cuando me pude mover, las voces habían cesado y fui hacia la pared. Estando allí, a medio metro de ella, aparecieron nuevamente las voces y no había dudas, ¡salían de la pared! ¿Quién está ahí? Grité asustado y fue allí cuando entré en pánico, cuando realmente sucedió algo aterrador e inexplicable que jamás mientras viva podré olvidar: las luces comenzaron a danzar sobre la superficie rústica de la pared. Las voces se hicieron más altas. No entendía el idioma, pero me pareció que estaban alteradas. Retrocedí un metro sin quitar la vista de las luces hasta que pude ver como se formó un rostro. ¡Si! Era un rostro humano que se formó en la pared. Parecía gritarme algo. Fue demasiado, salí corriendo, abrí la puerta y terminé en la calle. Me paré en la acera de enfrente y allí estuve parado con el corazón desbocado quien sabe hasta cuanto tiempo después. Llegó la luz y me atreví a entrar solo porque tampoco era muy seguro estar en la calle a esa hora de la madrugada. Obviamente no dormí nada esa noche. Solo prendí el televisor y la luz hasta que el cuarto se iluminó con la luz del sol.

Una vez listo para irme, a eso de las 7:30 am, sentí la necesidad de revisar que había detrás de esa pared. Le di la vuelta al anexo, noté que detrás solo había matorrales y basura, miré justo allí donde estimo colindaba la pared donde vi aquella extraña imagen. No había nada especial en ella. Cuando me dispuse a regresar al frente, casi se me paraliza el corazón: una mujer desarreglada y algo vieja, me miraba fijamente. – ¿Se le perdió algo allí? – me preguntó. – No, nada señora – respondí aún con el corazón a mil por hora.

Seguí caminando hasta que ella me dijo algo más que me puso la piel de gallina. – No es primera vez que veo a alguien revisando allí mismo donde tú estabas viendo.

Me hice el loco y me marché.

Al mediodía tomé la lancha rumbo a Margarita, pero sin poder quitarme de la mente la experiencia. A veces sueño con esas voces o quizás parecidas pero si de algo me abstengo, es de fijar la mirada en alguna pared.

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