Intruso en el almacén.

Un turno más, una noche más.

Estar toda una noche observando monitores de seguridad, no es el trabajo más ameno del mundo, pero es lo que hago en el enorme almacén de una prestigiosa cadena de venta de muebles. ¿Es incomodo el empleo? No, en el fondo no lo es, una oficina con aire acondicionado, una buena y cómoda silla, microondas para calentar la comida y lo más importante: una buena cafetera para hacer espressos. ¿Momentos “intensos”? Solo dos, una vez que se activó una alarma de incendio en el ala sur que resultó ser una falla del sensor y la vez que un par de desadaptados se introdujeron en la parte trasera del almacén a fumar yerba.

Como siempre, tomé mi turno correspondiente a las 10:00 de la noche. A esa hora me despedí de Jairo, a quien remplacé en la guardia y me encerré en el “Centro de Control de Eventos”: una oficina con 12 monitores que sirven a las 24 cámaras de seguridad que cubren el enorme galpón y el exterior de este, en medio del mesón dos teléfonos para contactar a las autoridades y al personal indicado en caso de presentarse algún evento. El frío allí es endemoniado por lo que una buena chaqueta es indispensable. Esa noche en particular nada indicaba que iba a ser diferente a las demás, así que cerca de la media noche y luego de tomar un refrigerio en compañía de Ignacio, el vigilante de la garita exterior del galpón, me senté frente a la batería de monitores, prestando principal atención al que enfoca el portón de entrada, hasta que mi compañero ingresara de nuevo a la garita.

La seguridad está diseñada para que cualquier cosa que se mueva fuera o dentro, sea detectada por los sensores y en eso depositamos nuestra confianza, por lo cual dormir unos minutos es algo que, si bien no está en las normas, lo hacemos con frecuencia por lo que cerré los ojos un rato y fue así como comenzó aquello.

Solo sé que de pronto, estaba parado en el exterior del almacén, cerca de la garita del portón principal. Esperaba algo, pero no tengo la certeza de que era lo que recibiría. Miré hacia la garita y pude ver que Ignacio estaba allí, pero parecía no haber detectado mi presencia, cosa que me pareció extraña ya que tiene un panel resumido de alarmas. Debió ver como se activó el sensor de puerta abierta del almacén y el de movimiento del pasillo que separa dicha puerta del exterior. Pensé en acercarme, pero súbitamente, alguien estaba junto a mí, lo que hizo que me paralizara de la impresión.

Ese alguien era extraño, de aspecto refinado y con un extraño traje deportivo, aunque no estoy seguro de ello. Estiró uno de sus brazos, más largo y delgado de lo normal, para poner algo en mis manos, era un pequeño cubo de madera con unos extraños símbolos. Lo tomé y me dijo unas palabras que honestamente no entendí. Impulsado no sé porque motivación, caminé hacia el almacén, pero no recuerdo ni como entré al mismo, solo sé que caminé por un pasillo y coloqué lo que me entregaron, encima de un grupo de cajas de muebles nuevos embaladas para su traslado. Luego de esto me quedé parado allí con una sensación de no saber de qué carajo se trataba, y tan súbito como se desarrolló todo esto, ya estaba sentado nuevamente en mi silla con la sensación de quien despierta de un sueño. El reloj del monitor marcaba las 2:50 de la madrugada. Me paré, me preparé un café, me instalé nuevamente frente a los monitores y repasé todos los espacios. Miré la cámara que servía a la garita exterior y noté que Ignacio tenía encendido el pequeño televisor que allí tiene. Todo esto hubiese quedado como un simple sueño, y hasta allí todo estaba normal, cuando comenzaron los eventos que aún intento comprender y que me hicieron pasar el resto de la jornada en vela.

Alrededor de las 3:15 am, una de las cámaras que sirve a uno de los anchos y largos pasillos llenos de estantes, comenzó a mostrar algo sumamente inquietante, un tren de destellos azulados se movía lentamente hacia el final del pasillo. Me impactó y mi primera impresión es que se trataba del reflejo de una linterna y, por ende, ¡Alguien había logrado entrar al almacén! ¿Cómo era posible esto?

Tomé el teléfono, pero antes de llamar a la instancia superior para estos casos, noté que el sensor de movimiento no había detectado nada. Eso me confundió así que hice una pausa y seguí observando, podía tratarse de un error de la cámara, más ahora que las luces habían desaparecido, pero repentinamente volvieron a aparecer. No sé ni como narrar lo que sucedió a continuación, simplemente aparecieron nuevamente las luces y repentinamente escuché tres estallidos consecutivos y se produjo un corte eléctrico. Me quedé paralizado esperando que entrara en funcionamiento la planta auxiliar de energía, pero esto no sucedió, ni siquiera las luces de emergencia se prendieron por lo que encendí la linterna de mi teléfono celular, tomé el auricular del teléfono del escritorio para llamar a Ignacio, pero no funcionaba, solo se escuchaba ruido. ¿Qué demonios está pasando? me dije mientras me dispuse a salir, pistola en mano, a averiguar qué carajo sucedía.

Al abrir la puerta noté que todo estaba en silencio y en total oscuridad. Usando la luz de mi teléfono celular, revisé la entrada principal y estaba cerrada, supuse que la salida de emergencia también estaría cerrada porque la realidad es que ambas puertas están cubiertas por sensores de puerta abierta y de movimiento, caminé hacia el pasillo donde vi los destellos y cuando llegue al borde de este, me dispuse a dar la vuelta cuando sentí que alguien estaba detrás de mí. Me quedé inmóvil del miedo, ¿Cómo carajos pudo tomarme de sorpresa? ¿Fui un estúpido? ¿Un imprudente? Decidí girarme con mi pistola y enfrentar al intruso, pero para mi sorpresa cuando quise moverme, no pude, ¡estaba totalmente paralizado!

Simplemente esperé mi muerte, no sé porque estaba seguro de que era el fin y esa sensación aumentó cuando alguien pasó por mi lado. Era una persona alta, muy delgada y olía extraño. Caminó hasta el final del pasillo, pero no pude ver los detalles porque la luz de mi celular era insuficiente y no podía mover los ojos. Lo sentí hurgar entre las cajas y luego caminar hacia mí. A cierta distancia y ya al alcance de la luz de mi teléfono, pude percatarme de la naturaleza del intruso, y la verdad, jamás olvidaré un rostro tan poco común como ese. Se detuvo frente a mí a unos dos metros, lo vi abrir algo que tenía en sus manos, sacó algo de su interior y lo guardó en un bolsillo, arrojó el estuche al piso, me miró fijamente con unos ojos que parecían de fuego y quedé aturdido cuando tres estallidos sonaron encima de nosotros. Al segundo siguiente, estaba en sentado frente a los monitores. Al parecer se trató de otro sueño extraño. Lo primero que hice fue llamar a Ignacio, pero me dijo avergonzado que se durmió profundamente y no se percató de nada anormal. Mi reloj marcaba las 3:23 de la madrugada.

Me preparé otro café y me quedé viendo los monitores pensando tonterías. Yo ya había asumido que fueron simples sueños hasta que me percaté que todos los monitores indicaban que era la 1:10 de la madrugada. Miré mi reloj y eran las 4:33 lo cual me puso en alerta. Solo un evento puede alterar la hora del sistema: un corte eléctrico. La 1:10 me indica que hubo un reinicio de los relojes 70 minutos atrás, si a las 4:33 le restamos 70 minutos, está claro que el corte de energía fue a las 3:23. La curiosidad me invadió y me instalé a revisar las cintas de seguridad, me horroricé cuando vi que solo había registro de los últimos 70 minutos. El sistema está diseñado para grabar 24 horas de imágenes y luego sobrescribir, pero en este caso, todo lo grabado antes de las 3:23 de la madrugada, simplemente se desvaneció.

Quedé pensativo y nervioso observando los monitores, pensando en lo extraño del asunto sin saber que lo más impresionante e imposible, estaba por suceder, y cambiaría mi vida para siempre: viendo la cámara que apuntaba al pasillo, noté algo tirado en el piso, algo había allí y el siguiente pensamiento me heló la sangre, por lo que desactivé los sensores de movimiento de esa zona, abrí la puerta y corrí hacia allá, cuando llegué al sitio pude ver que era lo que estaba tirado en el suelo: era un perfecto cubo de madera de unos ocho centímetros por lado con unos extraños símbolos o jeroglíficos, le faltaba una de las caras y estaba vacío. Desenfundé mi pistola y miré hacia todos lados. No había nadie. Fui retrocediendo poco a poco sin darle la espalda al pasillo hasta llegar al cuarto de control. Allí quedé inmóvil y aterrado hasta que llegó mi relevo.

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